Cómico. Guionista. Mago. Director de cine. Y, sobre todo, contador de historias. Es Luis Piedrahita
(A Coruña, 1977). Sobre su trayectoria, sus libros, su magia y sobre las cosas pequeñas, hemos hablado con uno de los mejores cómicos del país.

Guionista, director de cine, cómico, mago… de pequeño, ¿soñabas con ser artista?

– De pequeño se piensa poco en el futuro. Los niños saben que solo existe el presente y es donde viven. Si alguna vez piensan en el futuro es porque los ha pervertido un adulto grosero de esos que te preguntan: “-Y tú… ¿qué quieres ser de mayor?” “-¡Y a usted que le importa! ¿A caso le he preguntado yo a usted dónde quiere que lo entierren?”

Preguntarle a un niño qué quiere ser de mayor es una indiscreción que está a la altura de preguntarle a una monja por el color de su ropa interior. A usted qué le importa si no lo va a ver. Los niños piensan que nunca van a ser mayores, por eso sonríen. Yo disfrutaba de los magos y de los humoristas que salían en la tele. Disfrutaba con Tamariz, con Tip y Coll, Gila… No soñaba con ser como ellos, solo soñaba con volver a encender la tele y que siguieran allí. Pero el tiempo pasa… uno tiene que elegir una profesión y nada mejor que ganarte la vida haciendo algo que te gusta.

– Cuéntanos… ¿cuándo y dónde comenzaste?

– Empecé allá por el año 99 escribiendo guiones para EL Club de la Comedia. Recuerdo que el coordinador de aquel equipo era un tipo delgadito, escuchimizado, paliducho y desconocido, pero muy ingenioso y trabajador: Pablo Motos. Después, todo su equipo nos fuimos a hacer un programa de radio que se llamó No Somos Nadie y que fue líder en su franja durante varios años. En aquella época yo compaginaba la radio con mis actuaciones en El Club de la Comedia, con la escritura de cine y con mis viajes a Hollywood donde co-escribía una serie para Columbia. Después vino el Nada x Aquí, un programa de magia que escribí y dirigí junto a Rodrigo Sopeña y Jorge Blass. Rodrigo es un gran amigo de la universidad. Juntos escribimos en El Club de la Comedia, el Nada x Aquí y el largometraje La habitación de Fermat. Era nuestra primera película, con ella viajamos por todo el mundo y obtuvimos varios premios internacionales, entre ellos el Méliès de Plata en el Festival de Internacional de Fantasporto. Es de las pocas películas españolas que ha llegado a estrenarse en más de sesenta países. Después vino El hormiguero, con el que llevamos ya diez temporadas, y todo esto lo compaginé siempre con mis libros –ahora mismo son ocho títulos- y mis producciones teatrales. Ahora mismo en Madrid represento El castellano es un idioma loable, lo hable quien lo hable en el espacio Callao CityLights.

– En Qwerty también pensamos que la vida está hecha de pequeñas cosas, ¿son las que te inspiran? ¿de ahí que te llamen el Rey de las cosas pequeñas?

Durante aquel programa de radio llamado No Somos Nadie, mi misión era hacer un monólogo cada semana. Siempre sobre cosas pequeñas. La idea era defender lo nimio y lo insignificante. Después de cinco años y más de doscientos monólogos yo me había ganado el sobrenombre de Rey de las cosas pequeñas. Los objetos pequeños son un detonante ideal para el humor costumbrista, surrealista, poético… Llevo más de quince años haciendo ese tipo de humor y no se acaba nunca.

– No queremos hablar aquí de la dichosa y aburrida crisis… ¿pero crees que es fundamental el humor hoy en día?

– El humor no responde a las modas. Es necesario siempre. En mi opinión –y en la de Fernández Flórez, que es al que le escuché esta idea- el humorismo es una actitud en la vida. Es una forma de mirar con distancia, de modo suspicaz y descreído.
Una mirada con un ojo serio y otro guiñado, con dos sonrisas una en el cerebro y otra en el corazón.

El humor es un arma de construcción masiva, así lo entiendo yo. El humor construye y eso hace de la vida un sitio mejor, pero hay que conocer sus limitaciones: el humor no soluciona los problemas, solo los hace más llevaderos.

LUIS PIEDRAHITA

– En tu faceta como escritor tu último libro es A mi este siglo se me está haciendo largo, ¿es solamente el título o para ti también se está haciendo demasiado largo?

– Parece que este siglo ha arrancado con mal pie. No es que sea peor que los anteriores. Ten en cuenta que a estas horas el siglo XX ya se había estrenado con una guerra mundial. Sin embargo, creo que todos coincidimos en que las cosas podrían estar mejor. Da la sensación de que el siglo está tardando en despegar, por eso el título.

– Lo has presentado recientemente en Argentina, ¿cómo ha ido la gira?

– Espectacular. Mi relación con Argentina no es nueva. Llevo mucho tiempo en contacto con la gente de allá y colaborando con alguno de los programas más importantes del país. Desde hace algunos años colaboro con el programa de Alejandro Dolina, referente artístico, cultural humorístico y literario de Argentina. Gracias a eso algunas personas me conocen y cuando me presento en su ciudad no lo hago como un desconocido. Además la producción de la gira es impecable. Suelo presentarme en el gran Teatro Maipo de Buenos Aires, una bombonera deliciosa de ochocientas localidades. Es el teatro que regenta Lino Patalano, el teatro de Les Luthiers, Nini Marshall, Gasalla, Pinti… todos los grandes de la escena porteña han pasado por allí. Todavía me cuesta entender como he conseguido colarme yo ahí. Además de Buenos Aires, las giras de estos años también han pasado por Mar del Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza. Es una maravilla ver como al otro lado del charco se siente el humor de la misma manera.

– ¿Estás preparando ya otra gira para el próximo año?

– Sí. No quiero dejar de aprovechar esa baza. Las giras son realmente agotadoras ya que debido a mis compromisos televisivos, han de ser en julio o agosto. A esas alturas del curso todos necesitamos descansar, hasta los humoristas. Pero hacemos un esfuercito extra porque artísticamente es muy gratificante.

– El lenguaje es uno de los temas estrella de tus monólogos, quizás somos (el público) grandes desconocedores de nuestra lengua…

– El público conoce el idioma perfectamente. Si fueran desconocedores yo no podría hacer el show. Mi humor busca el reconocimiento y la empatía, y no quiero distanciarme del público haciéndome el erudito en el escenario. Además, los pedantes no me caen bien. No es sano para el artista creer que el espectador sabe menos. Conviene presentarse ante el público como si todos ellos fueran más guapos, más graciosos, más listos y más altos. Vamos, como si fueran el jefe que es lo que el realidad son.

– Te vemos encima de los escenarios y también detrás de ellos, ¿dónde te encuentras más cómodo?

– En ambos lados estoy a gusto. Unas veces me toca estar en misa, otras repicando y en más de una ocasión he tenido que estar en misa y repicando. Doble esfuerzo, doble placer.

– ¿Y la magia? ¿Cuándo decidiste que querías ser mago?

– Siempre me ha gustado la magia, desde niño. En el colegio conocí a mis hermanos mágicos: Román García y Kiko Pastur, y empezamos un viaje que durará toda la vida. Entre los tres pensábamos magias, ensayábamos técnicas, compartíamos libros y secretos… Me considero absolutamente afortunado de compartir afición con esos dos genios de la magia. En ningún momento decidimos que queríamos ser magos porque siempre lo fuimos.

– Continúas también en la radio, en la televisión y también en el teatro… ¿podríamos decir que eres un hombre polifacético? ¿Nunca paras?

– Hago muchas cosas pero son todas la misma. No es como ser luchador de sumo y saltador de pértiga que a primera vista se me antoja incompatible. La magia y el humor tienen una pieza en común: el ingenio. Ambas buscan regalar al espectador un final sorprendente. El objetivo siempre es el mismo: no te pueden ver venir. Si el público te ve el truco, no hay magia y si sospechan como vas a acabar la fase, no hay humor. El ingenio, que es la hermana pequeña y juguetona de la inteligencia, es el que nos permite jugar al escondite en el escenario.

– ¿Y tus próximos proyectos? ¿En qué estás trabajando?

– Ahora mismo estoy de gira con El castellano es un idioma loable, lo hable quien lo hable. Lo podéis ver en Madrid en la plaza de Callao y de gira por toda España. Además, este año saldrá la edición inglesa de mi libro Monedas y otras historias a cargo de la prestigiosa editorial neoyorquina Conjuring Arts. Es un libro de magia para magos. No es para el gran público y solo se puede adquirir en mi página web o en establecimientos especializados. Es uno de esos libros en los que los magos compartimos nuestros secretos. Muy secreto. Solo para iniciados. También seguiré en El hormiguero haciendo la sección de “La magia que ningún mago haría”, seguiré en La Ventana de Carles Francino inventando palabras y todos los fines de semana, ya lo dije pero lo repito, los viernes y los sábados, estaré en Callao City Lights, en la Gran Via de Madrid, representando mi show de monólogos. Allí os espero.

– Hay una pregunta que siempre hacemos y es: ¿qué consejo darías a quien está comenzando en este mundo, a quien busca vivir de lo que le gusta y de lo que le apasiona?

– Suelo aconsejar a la gente que no siga los consejos de gente como yo. Pero si alguien insiste, le recomendaría que intente hacer las cosas siempre lo mejor posible y que tenga en cuenta que nada es fácil. Si te cuesta es que vas por el camino adecuado. Aconsejo a la gente que se forme, en sus materias y en otras también, que lea, que se deje influir, pero que no imite. Leer, dejarse influir y formarse hace que uno crezca artísticamente pero imitar hace que uno disminuya.