Una experiencia única. Inolvidable. De las que dejan huella durante tiempo. Así es como vivió la enfermera Sara López (As Pontes, 1991) su estancia en Moshi (Tanzania). “Desde siempre me llamó la atención la sanidad y la idea de participar como voluntaria en África estaba ahí, pero nunca llegaba el momento”, recuerda Sara. Su oportunidad llegó a finales de 2016 cuando le comunicaron que había una baja en un equipo de la ONG Born to Learn para viajar a Tanzania en el mes de marzo. “Había hecho meses antes la solicitud a través de un amigo médico que me animó”, cuenta, “mi familia me apoyó porque sabían que tenía esa espinita, pero la preocupación siempre está ahí”.

Once enfermeras y médicos de diferentes puntos de España se reunieron en Madrid y después de casi un día de viaje llegaron a su destino: Moshi, una ciudad situada al pie de la ladera sur del monte Kilimanjaro. “Los once hemos crecido, aprendido de nosotros mismos, de los demás, de la convivencia, los problemas, las alegrías y compartido el día a día”, dice la enfermera pontesa. Un día a día no siempre fácil de encajar, con situaciones difíciles y medios muy limitados: “ves que un problema o enfermedad que aquí es fácil de tratar, allí se complica, el proceso es mucho más largo e incluso sabes que no podrán medicarse como lo harían si estuvieran aquí”. “Aprendes de los profesionales de allí, cómo hacen maravillas con los escasos medios que tienen”, explica, “sienten además mucha curiosidad y ganas de aprender cómo hacemos aquí las cosas”, añade.

Pese a las diferencias, a los pocos días de llegar e incorporarse al equipo, ya estaba totalmente integrada: “lo que más me gustó es el ritmo, allí es mucho más calmado”, cuenta, “es pole pole, como dicen, despacio”. “Te das cuenta de lo poco que hace falta para vivir y de las prisas que llevamos aquí”, recuerda.

Su rutina diaria comenzaba bien temprano para desplazarse desde Newland hasta el colegio. “Cada día hacíamos una reunión para atender a los niños del colegio de entre 4 y 16 años y organizábamos las visitas en una consulta improvisada”, relata, “también participamos en una caravana médica haciendo revisiones por los pueblos masáis con una ONG canadiense”. Al colegio, en el que estaban Sara y su equipo, asistían casi 200 niños “aquellos que tenían unas peores condiciones de salud y también económicas y familiares”.

Allí estuvieron trabajando durante los 48 días que duró su estancia. “Cada día pasaba algo nuevo, un imprevisto, una sorpresa, una relación especial, una comida, una situación…”, explica Sara, “eran todos muy cariñosos, alegres y sobre todo, agradecidos”. “Los niños son muy maduros para la edad que tienen. Iban al colegio caminando o en bici cada día”, relata, “en el recreo comíamos con ellos y siempre jugábamos, nos entendíamos perfectamente, y me enseñaban sus juegos, incluso nos llevaron de excursión para enseñarnos la zona”.

Además de con las alumnas y alumnos trabajaron con una asociación de mujeres jóvenes que se estaban formando en hostelería, “impartíamos charlas sobre sexualidad y cuidados”, explica la enfermera, “y veías su ilusión y ganas de aprender y de trabajar”. Porque a las desigualdades del propio país se unían el machismo y el racismo: “ellas y ellos se creían diferentes, se veían diferentes a nosotros y les explicábamos que no es así”, cuenta, “además el machismo es brutal y la situación de la mujer es muy precaria”.

Sara también comprobó de cerca cómo vivían los pueblos masáis de Tanzania: “pudimos ver cómo viven, cómo son sus casas y sus costumbres”. Recuerda además cómo se compró un vestido tradicional y al verla se sintieron muy agradecidos “me regalaron un collar típico de allí porque les gustó que me vistiese como ellos”.

Recuerdos, vivencias y muchos sentimientos encontrados hacen que Sara López siga pensando en volver a Tanzania: “me gustaría volver al mismo sitio, pero también quiero conocer América Latina y participar como voluntaria en algún proyecto similar”, asegura. “Me gustaría destacar la labor de las pequeñas ONG y su gran trabajo a nivel local, aunque a veces las situaciones hagan pensar que por mucho que se haga parece poco”, explica, “y me parece importante colaborar no sólo viajando al lugar, sino también desde la distancia porque las colaboraciones llegan”.

A su experiencia personal se unen sus ganas por seguir formándose: “quiero ampliar mi formación en enfermedades tropicales y en cooperación internacional para el desarrollo y la salud”, explica Sara, “además de seguir viajando por lugares, disfrutando de mi profesión, colaborando y aprendiendo”.